lunes, 17 de abril de 2017

Menos hablar y más actuar.

Imagínate que ves a una persona a punto de meterle un petardo por el culo a un gato con el fin de reventarle los intestinos. ¿Qué solución tomarías?

a- Das una conferencia sobre cómo abrirle el ano a un gato está mal.

b- Montas una manifestación con batucada incluida en contra del maltrato animal.

c- Haces un taller en el que explicas los efectos perjudiciales que tiene para los gatosar el explotar petardos en su interior.

d- Salvas al gato evitando la agresión.

Si eres una persona sensata, habrás elegido la opción D.

Esto es porque las otras soluciones, aunque pueden contribuir beneficiosamente a que otras personas no quieran meterle un petardo en el ano a algún gato, tienes claro que lo efectivo es actuar.

Pues bien. parece ser que en realidad no lo tenemos del todo claro.

Después de varios años militando como anarquista, feminista, animalista, paidocentrista, bisexual... he llegado a una conclusión muy clara: nos gusta mucho hablar y criticar, pero eso de poner soluciones encima de la mesa nos importa un bledo.

No, no lo digo en broma. Sé que muchas veces se organizan asociaciones, que hay gente implicada en ayudar de verdad, etc, pero no es lo más común. Lo más común es sentarnos a debatir frente a una mesa y criticar a quienes no están con nosotros y nosotras, pero no hacer nada al respecto.  

Efectivamente, aunque te joda, te lo voy a decir muy claro: nuestras conferencias son una mierda. Acude más bien gente que nos apoya en vez de personas a las que podríamos convencer; nos sirven solo para subirnos el ego y aplaudirnos con las orejas lo muy feministas, anarquistas, antifascistas... que somos; y tendemos a utilizarlas para desahogarnos y reunirnos entre gente afin al movimiento; pero nada más. Quizá alguna persona se convenza. Pero en general nuestros debates solo sirven de terapia psicológica de grupo. Ahora bien, ¿cambiar algo? Nah. Más bien el cambio es que se aumenta la autoestima de ese o esa conferenciante que se enorgullece de tener un título que tú no tienes y de poder decir que sabe más que tú porque ha escrito algo.

Vamos, a lo que voy. Que tenemos que espabilar y mover el culo.

Tendemos, por ejemplo, dentro del movimiento obrero, a criticar al gobierno y la patronal, pero ahí nos quedamos, en poner una frasecita en el muro de Facebook. Si acaso, nos levantamos para ir al mitin o a un taller, mas después de vuelta al ordenador.

En ocasiones las y los feministas criticamos a quienes están contra el aborto, a quienes están a favor de la prostitución o a gente que está a favor de la prostitución, pero hacemos poco por ayudar a esas mujeres que necesitan abortar o que se ven en la necesidad de dejarse explotar.

También nos quejamos de que la educación va muy mal pero esperamos a que sea el Ministerio el que cambie la ley en vez de salir de esa Pedagogía del confort y llevar a cabo una docencia diferente.

Nos encanta meternos con quienes no apoyan otras sexualidades distintas a la heteronormatividad, pero luego nos escondemos en Chueca en vez de hacernos ver por todas partes; y para cuando nos hacemos ver, no lo hacemos como lucha, sino como fiesta del Orgullo.

Damos asco y pena.

Y así pasa, que luego los y las nazis triunfan, porque ahí están, dando alimento solo a las personas nacionales y lavándoles el cerebro, o dándoles cobijo con su Hogar Social.  ¿Y qué hacemos nosotros y nosotras mientras tanto? Pues ahí estamos, en nuestra conferencia, en nuestro taller o dando una batucada en una manifestación.

Que no es que estén mal, pero ya me diréis de qué le sirve una batucada a alguien que vive en la calle, o de qué le sirve nuestro maldito debate con lenguaje rebuscado y culto una persona que piensa en tirarse por las escaleras porque en su país no le dejan abortar.

Si por algo soy anarqusita, es porque abogo por al apoyo mutuo, la autogestión y... ¡la acción directa! Que mientras esperamos a que un Congreso, un Parlamento, un Senado... haga algo, hay gente sin luz o a punto de ser asesinada a manos de ese capullo misógino.

Tú solo ponte en el lugar de quien lo está pasando mal para darte cuenta.

Imagínate que, por ejemplo, no tienes dinero con qué comer y te ves en la necesidad de prostituirte. ¿A quién vas a apoyar: a quien dice que eso es malo para ti y te va a dejar sin esa posibilidad de ganar dinero, o a quien te engaña haciéndote creer que "es lo más maravilloso del mundo y quiere protegerte" con su regulación?

O supón que solo encuentras "trabajo" en una plaza de toros y tienes a hijos o hijas que alimentar. ¿A quién vas a apoyar: a quien pretende abolir la tauromaqua o a quien la defiende y con ello vas a poder conservar tu trabajo?

Hay que reconocer que nuestros enemigos y nuestras enemigas lo hacen bastante bien: se aprovechan de la necesidad agena y convierten la explotación y ola vioencia en una solucíón.

¿Y dónde están nuestras soluciones? 

No sé...

¿Tan difícil es montar un colectivo que reuna dinero para las mujeres que ejercen la prostitución porque no tienen otra salida, en lugar de esperar solo a que la consideren ilegal?

¿Tan difícil es pasarle altruistamente nuestros apuntes a esa compañera o ese compañero que falta a clase porque tiene que trabajar para poder seguir contigo ahí en clase, en vez de esperar que apruebe a la tercera?

¿Tan difícil es encararte con tu vecino si cada día oyes gritar de terror a su mujer, en lugar de esperar a que ella denuncie?

¿Tan difícil es ir al lugar de trabajo de ese hombre o esa mujer a quien explotan, en vez de esperar una reforma laborar o un convenio?

¿Tan difícil es ir a intentar impedir un deshaucio en vez de quedarse hablando sobre la mala situación del país en la barra del bar?

¿Tan difícil es ayudar a esa compañera o ese compañero a quien están deteniendo injustamente en vez de quedarte mirando y gritando "vergüenza" como si fueses imbécil?

¿Tan difícil es hacer algo, lo que sea, en vez de dedicarte solo a quejarte?

Tenemos que actuar con eficacia, cosa que solo se logra ayudando a esas personas que están dentro del problema que queremos evitar.

Así pues, por favor, organicémonos bien, de forma que podamos hablar menos y movermos más.

lunes, 27 de marzo de 2017

4 argumentos contra los vientres de alquiler.

He recibido algunos correos por privado en los cuales se me pregunta por qué motivos estoy en contra de la legalización del vientre de alquiler (lo que por eufemismo se denomina ahora como gestación subrogada), así que aprovecho la ocasión y que el debate se ha avivado para elaborar una entrada en respuesta.

Si bien son 4 los argumentos principales por los que estoy en contra de la mencionada práctica, lo cierto es que mi respuesta podría resumirse en un único párrafo:

La legalización del vientre de alquiler supone un triple tipo de violencia: en primer lugar, violencia capitalista, en tanto que permite a la gente adinerada usar el cuerpo de la gente pobre en su propio beneficio; en segundo término, violencia adultista, ya que permite que las criaturas sean tratadas como simples bienes de consumo, como meras mercancías; y finalmente, violencia machista, en tanto que legaliza la explotación del cuerpo femenino y su sexualidad, al ser las mujeres reducidas a meras fábricas de producción que pueden ser controladas y privatizadas mediante dinero.

No obstante, voy a explicar esto detalladamente:

1- El vientre de alquiler es un nuevo mecanismo de explotación capitalista, a través del cual gente adinerada se aprovecha de las desgracias económicas de la gente pobre, utilizando el cuerpo ajeno en beneficio propio. Quienes se sometan a alquilar su cuerpo no serán las mujeres de alta clase, sino las de siempre, las pobres, las proletarias, a quienes por causa del sistema económico que la burguesía ha construido, no les queda otra más que agachar la cabeza y pasar por el aro.

La tolerancia a esta práctica, además, podría (sé que no tiene por qué ser así, no quiero caer en falacia) dar lugar a la tolerancia de otras prácticas, como la compra-venta de órganos, en beneficio de quienes explotan, humillan y esclavizan a trabajadores y trabajadoras a través del "derecho de libre empresa".

No obstante, a pesar de esto, hay quienes dirán que "no hay que privarle a una persona el derecho a ganarse la vida como pueda". Así pues, yo os pregunto: ¿por qué motivo, entonces, hasta hace poco tiempo criticabais que una familia de Mauritania cambiase a su hijo o hija por un camello o una lavadora, si simplemente "se ganaban la vida como podían"?

2- Los vientres de alquiler suponen una compra-venta de seres humanos, ya que unas personas se pueden llevar a una criatura gracias a poner dinero de por medio, como quien se lleva una mesa, un abrigo o un cuadro.

Hay quienes dicen que no, que lo que se paga es el trabajo de la mujer gestante. No obstante, esto no es cierto y voy a explicar por qué:

Supongamos que yo soy pintor y tengo una tienda. Para ganarme el dinero, trabajaría elaborando mis propios cuadros y los expondría ante un escaparate a la espera de que alguien me compre alguno. Pues bien, resulta que si yo pinto 5 cuadros y no vendo ninguno, no ganaré nada de dinero a pesar de todo mi esfuerzo. ¿Por qué? Porque nadie me paga por pintar cuadros. Me pagan por el producto final: los cuadros (en caso de que me los compren). Nadie pasa a mi tienda y me dice: "Tome usted, señor, una paga por haber elaborado esos cuadros tan bellos". No, no, no. Lo que la gente quiere es poder quedarse con mis cuadros, pues hasta que yo no lo consienta a cambio de dinero, son míos.

Lo mismo ocurre con el vientre de alquiler: lo que importa no es el trabajo de la mujer gestante. Lo que les importa a quienes pagan es llevarse al bebé como quien se lleva un libro de una librería. Si lo que importase fuese la gestación que ha realizado la mujer, le pagarían por haber gestado y ella se quedaría a la criatura. Pero resulta que si no entrega el producto final y acabado, no recibirá compensación económica (y en caso de haberla recibido de antemanto, tendrá que devolverla). No se paga el trabajo de "pintar al niño o la niña", sino la posibilidad de "sacar la criatura del escaparate y llevársela a casa".

Por ende, sí, el vientre de alquiler supone una compra-venta de bebés; una forma más de violencia adultista.

3- Hay quienes dicen que la criatura no es de la gestante, sino de quienes pagan porque son sus óvulos y/o espermatozoides. Esto supone algunas cosas muy serias:

- Supone pensar que padre o madre es solo quien pone la semillita, y no quien se ha ganado el derecho gracias al trabajo de cuidado que ha desempeñado. Por lo tanto, bajo esta premisa, si una mujer se queda en periodo de gestación y el varón la abandona, éste podría volver a los 10 años y reclamar la custodia tranquilamente. Quien se lo curró fue ella, estando ahí presente, atendiendo a las necesidades de la criatrua, etc. Pero, ea, "que lo importante es la semillita". También una familia podría tirar a su hijo o hija a la basura y aparecerse a los 10 años ante la familia de acogida exigiendo la entrega de "su hijo/a".

- Supone pensar que el haber estado 9 meses gestando un proyecto de ser humano no tiene valor alguno. Es volver a la vieja idea de que lo importante es el varón, que ha puesto "el homúnculo", y no el trabajo de gestación que ha llevado a cabo la mujer, quien es reducida a una simple vasija. Porque si poner tus esfuerzos, tu cansancio, tu gasto de energías, tu sangre... no es valorado y no te hace madre, sino quen se considera que el padre es él por haber puesto el espermatozoide... entonces, como siempre ha ocurrido, el foco de antención queda en el hombre, y la mujer, vista como una vasija.

- Supone tener mentalidad capitalista, opinando que lo importante no es realizar el trabajo, sino poner los medios de producción. Y yo lo tengo claro, "la tierra para quien la trabaja".

- Y supone, por último, problemas de legislación que explicaré en el siguiente punto. 

4- Moralmente y a nivel legislativo, se plantean numerosos problemas si se acepta como válido el vientre de alquiler; y todo este problema viene a raíz de la siguiente pregunta: ¿de quién es el bebé?

Si consideramos que la criatura nacida es de la gestante, porque ha puesto su empeño, su trabajo, sus esfuerzos, su sangre, su alimento... no cabe duda de que está vendiendo a su hijo o hija. Y esto, por supuesto, no puede tolerarse, ya que vender a tu hijo o hija es inmoral.

Pero si consideramos que el niño o la niña que nace no es de la gestante, hay que formularse las siguientes cuestiones:

- Desde el feminismo se ha repetido hasta la saciedad lo de "mi cuerpo es mío", y "mi cuerpo, mi decisión". Sin embargo, con el vientre de alquiler, el cuerpo ya no es de la mujer, dado que si no es su cigoto o embrión, entonces, si decide abortar porque no quiere seguir adelante con el proceso, ya no sería una decisión tomada sobre su cuerpo, sino sobre un ser ajeno a ella. Por lo tanto, estaría cometiendo un asesinato, al matar al hijo o la hija de otra familia. ¿La condenamos, entonces? Incluso podrían denunciarla por "daños y prejuicios".

- Por otro lado, si decide abortar, pero no se considera este acto un asesinato, sino una elección sobre su propio cuerpo, ¿recibirá alguna compensación por el esfuerzo realizado hasta el momento? Porque si se supone que se paga por el trabajo de gestación y no por la criatura, si ha trabajado durante 3 meses... ¿quién le compensa esos 3 meses? ¿O se quedará sin nada por no haber terminado su trabajo? ¿Tan poco vale el cuerpo y el trabajo de las mujeres que puede usarse durante 2, 3 meses... y ser desechado como si nada?

- Si no es su cuerpo, o incluso siendo su cuerpo, ¿puede ser forzada a llevar la gestación a término, so pena de ser multada por incumplir un contrato? ¿La encerramos en una casa o la atamos en una cama para forzarla a gestar y dar a luz?

- ¿Y si no quiere entregar a la criatura cuando nace? Si se considera que es de ella, está en su derecho. Pero si se considera que la criatura es de quienes ponen las semillas o el dinero, ¿quién compensa el daño emocional que sufra la mujer que no quiera entregar a ese ser con quien ha estado conectada durante los meses de gestación y de quien la obligan a separarse? ¿Podría ser acusada por robo esa mujer que sí ha establecido un vínculo afectivo con la criatura?

- Si se considera la gestación un trabajo pagable... ¿no se estarían incumpliendo los derechos laborales? Quiero decir, esa mujer está trabajando sin derecho a vacaciones, ni baja... y lo está haciendo durante 24 horas diarias. ¿En serio vamos a legislar un trabajo bajo esas condiciones?

Está claro: la mal llamada gestación subrogada es algo inmoral que no debe legalizarse. 

viernes, 24 de marzo de 2017

La leche viene del cartón y el pollo es solo asado.

Hace tiempo, dando unas clases de apoyo a un grupo de niños y niñas de 5 años, hicimos un ejercicio de dibujo. El ejercicio consistía en sacar una ficha de una caja en la que venía escrito el nombre de un animal, un producto, etc. Las niñas y los niños tenían que dibujar de dónde venía el producto o cómo era lo que les había tocado.

Fue sorprendente, porque descubrí la carencia absoluta de cercanía con la naturaleza que tenían las criaturas.

Hubo una niña a la que le tocó dibujar un pollo; y el pollo lo dibujó... asado. Me quedé alucinado. Así pues, le pregunté si sabría dibujar un pollito vivo en otra hoja, con su cabeza, las plumas..., a lo que respondió: "Los pollos no viven ni tienen cabeza ni plumas".

Nunca había visto la niña un pollo vivo y entero en su vida...

Pero es que otro niño, que tenía que dibujar de dónde venía la leche (de vaca), no dibujó una vaca... Lo que dibujó fue un Tetra-Brick. 

Los niños y las niñas no tienen ni el más mínimo contacto con la naturaleza. Y eso muestra por qué hay tanto especismo, tanta contaminación, tanta destrucción del planeta.

El ser humano es una especie alejada de la naturaleza. No nos acercamos a ella, y por lo tanto la vemos como algo inexistente, pero que está ahí y debemos cuidar y proteger. 

Es por ello que abogo por un modelo pedagógico diferente, que salga de los libros y se aproxime a la naturaleza y a la realidad, aprendiendo a comprenderla y a convivir con ella.

Ya sabéis: ojos que no ven, corazón que no siente.

Hagamos ver a las criaturas para permitirles sentir con mayor facilidad.

lunes, 20 de febrero de 2017

El truco perfecto del poder para acabar con el concepto de opresión.

Quienes nos movemos en círculos de movimientos sociales tales como el anti-especismo, el paidocentrismo, el comunismo (libertario o autoritario), el feminismo, el movimiento LGTB... sabemos y tenemos bien claro que la cultura que nos rodea es especista, patriarcal, adultocentrista, capitalista, clasista, homófoba, racista, etc.

Y dado que la cultura tiene estas características, nos topamos con que unas personas están oprimidas mientras que otras se ven privilegiadas, favorecidas, beneficiadas, por el sistema.

Por ejemplo, una criatura que nazca en un país pobre y en una familia que no tiene ni para comer, no tendrá las mismas oportunidades en la vida que otra criatura que nazca en una familia adinerada.

Está claro que no se le golpea a nadie en esta vida por ser heterosexual, mientras que la gente homosexual, bisexual... puede sufrir acoso, agresiones, etc, por el simple hecho de relacionarse con una persona de su mismo sexo.

Asimismo, no es lo mismo nacer de la especie humana que nacer de cualquier otra especie animal, ya que ni un toro nos capotea y pone banderillas, ni una vaca nos quita a nuestra prole para lucrarse económicamente.

Es obvio que hay gente en este planeta que está arriba, en una posición privilegiada y opresora, mientras que hay gente que está abajo, en una posición oprimida.

Vamos, que queda claro que hay categorías (a veces dicotómicas, como varón-mujer; persona nacional-persona extranjera; ser humano-animal; y a veces  politómicas, como por ejemplo clase alta-clase media-clase baja) que colocan a un colectivo arriba y por ende, privilegiado y opresor, y a otro colectivo, abajo, y por consiguiente, oprimido.

Hasta aquí nada nuevo bajo el Sol. ¿Cierto?

El caso es que para poder darnos cuenta de esto, necesitamos hacer algo sumamente importante: analizar qué categorías llevan a un grupo de personas a estar arriba o a estar abajo

Para darnos cuenta de que una persona heterosexual está privilegiada frente a otra homo o bisexual, es necesario que sepamos que hay personas a las que se las considera homosexuales, bisexuales o heterosexuales, y que en función de su orientación sexual van a recibir un trato u otro.

Para poder ver claramente que existe el especismo y que la especie humana tortura y explota a los animales, tenemos que dejar claro que aunque el Homo sapiens es un animal, no se identifica socialmente como tal y en base a esa diferencia recibe un trato superior al resto de especies.

Para poder ver claramente que una mujer sufre violencia de género por el simple hecho de ser mujer, tenemos que tener claro que hay personas en este mundo a las que se les considera mujeres y personas a las que se les considera varones.

Para darnos cuenta de que la cultura es adultocenrtista y que las personas adultas están por encima de las no adultas, tenemos que ser conscientes de que en nuestra culutra existe la categoría "Edad" y que en base a ella se le otorgan unos derechos a unas personas y a otras se les deniegan. 

Y que quede bien pero bien clarito: solo podemos hablar de opresión, de privilegios, de cultura hetero patriarcal, capitalista, especista... si nos damos cuenta de que nos guste o no, existen grupos encasillados en una bolsa con una etiqueta y otros grupos encasillados en otra bolsa con una etiqueta bien diferente.

Si no existen tales grupos, no tenemos nada de qué hablar. Si negamos la existencia de los grupos "Ser humano" y "Animales", no podemos hablar de especismo. Si negamos la existencia de los grupos "Persona blanca" y "Persona de cualquier otro color de piel que quieras insertar aquí", no podemos hablar de racismo. Si decimos que no hay "varones" ni "mujeres", no podemos hablar de patriarcado.

Porque si no existen las categorías que llevan a unas personas a estar favorecidas socialmente y a otras a estar desprivilegiadas, ¿qué sentido tiene hablar de opresión?

Pues bien, esto es lo que está ocurriendo: el poder se las está apañando para cambiar la lengua y que ya no podamos hablar de la existencia de categorías fijas que son inculcadas por la cultura. El poder se las está ingeniando para que ahora seamos lo que queramos ser a conveniencia, de forma que si yo mañana quiero decir que soy mujer, pues sor mujer, porque lo digo yo y punto.

Sí, sí. La cultura se la pasan por el ojo del culo. Ahora, a raíz del movimiento transgénero queer, cualquiera puede ser cualquier cosa solo por decir que así lo siente.

Y esto es el truco perfecto del poder para acabar con el concepto de opresión y con todo movimiento social que pretenda cambiar el sistema, dado que hablar de machismo, de estatismo, de clasismo, de capitalismo, de especismo... no tendrá ningún sentido.

¿Por qué? Muy sencillo:

Supongamos que yo, considerado socialmente como varón y por lo tanto educado como tal, mañana le pego una paliza a una mujer por ser mujer, es decir, que cometo un acto de violencia machista. Pero cuando llegue el juicio, yo digo: "No, no me pongan el agravante por violencia de género, porque yo no soy varón, sino que soy mujer". Y ya está. Digo que "soy mujer" y en un segundo he acabado con la idea de que pertenezco al género opresor y si hace falta convierto a mi víctima en agresora bajo la excusa de que niega mi identidad y me está oprimiendo. Y así,  ¿qué sentido tendría hablar de que pertenezco al género opresor y que he usado mi privilegio para hundir a esa mujer? ¿Qué sentido tendría la necesidad del feminismo si no se me puede señalar como persona perteneciente al género opresor y privilegiado si yo digo formar parte de otro género? Ninguno. 

Y solo con esa frase: "Yo soy mujer", porque sí, porque lo digo yo, se acabó el decir que las mujeres no podían votar, porque, TERFS, ¿quién no os dice a vosotras que esas personas a las que llamais "mujeres oprimidas por el sistema patriarcal y que no tenían derecho al voto"... eran mujeres? Porque no les habéis preguntado por su identidad de género. A lo mejor se consideraban varones. Y por lo tanto, nunca ha existido la prohibición del voto femenino.

Es más, ¿quién os dice a vosotros y vosotras, anti-capitalistas, que Amancio Ortega es un burgués, capitalista y explotador? A lo mejor este señor se siente del proletariado y le estáis oprimiendo. ¿Que él tiene el capital y explota gente? ¿Qué tontería es esa? ¿Le habéis preguntado, acaso, por su identidad de clase? Es más, a lo mejor Amancio no es un explotador, sino una explotadora, y no debemos decir que la mayor parte del capital se encuentra en manos masculinas, sino en manos de una burguesa, y que no es cierto que la pobreza esté feminizada (por no contar que a lo mejor el obrero o la obrera que trabaja en un zulo durante 14 horas diarias y por un mísero sueldo se siente una persona adinerada, y por ende, es él o ella quien realmente está oprimiendo al pobre proletario -o la pobre proletaria- de Amancio Ortega).

¿Y por qué llamarme a mí especista si mañana dejo de ser vegetariano, mato a un lechal con mis propias manos y me lo como? Tal vez yo no me siento Homo sapiens. ¿Y si digo que me siento una serpiente, o un león, o un lince? En realidad ese acto de matar al lechal y comérmelo, no sería especista, porque como no me identifico como ser humano, no estoy privilegiado frente al animal, sino que simplemente he seguido mis impulsos como cualquier otro animal carnívoro.

¿Veis? Si desaparecen las categorias que encasillan a las personas, ya no podremos hablar de opresión. Si cualquiera puede ser cualquier cosa solo porque así lo siente, no tendrán ningún sentido los movimientos sociales, porque cualquiera podrá negar pertenecer a los grupos privilegiados a su conveniencia y hacer lo que le plazca con los colectivos oprimidos.

Y sí, ya sé que justamente ésa es nuestra intención: que deje de haber géneros, razas, identidades sexuales... y que puede sonar incoherente hacer uso de tales categorías.

Pero es que una cosa es buscar su destrucción y otra cosa bien distinta, a ver si nos entra en la cabeza, es negar su actual existencia. Una cosa es que deseemos que desaparezca el género y otra cosa es inventarnos un inexistente mundo de yupi a través del cual negamos la realidad.

Nos guste o no, mujer, varón, blanco/a, negro/a... no se nace, sino que se hace; se hace por una cultura que nos viene dada al nacer. No es un sentimiento, sino una construcción social. Y para acabar con esta triste realidad hay que destruir esa construcción. Vamos, que para crear un mundo nuevo primero hay que destruir el ya existente. Construir sobre lo que tenemos no nos llevará a avanzar, sino a mantener la mierda maquillada.

Si tenemos un vertedero y ponemos un parque encima, eso no quitará que ahí debajo, en la raíz, hay un vertedero. El parque será un maquillaje y nos parecerá bonito... hasta que el vertedero pase factura y empiece a degradar el parque. Primero tenemos que limpiar y quitar el vertedero y luego ya pondremos el parque.

Es por eso que se hace imprescindible señalar y denunciar que existe tal vertedero y no decir que a lo mejor el vertedero se siente agua potable que podemos beber, porque nos vamos a tragar la mierda y nos vamos a intoxicar de lo lindo.

Primero destruir y luego crear. Y o vemos esto claramente, o el día menos pensado nos dan un golpe de Estado y el dictador o la dictadora dice sentirse anarquista y las balas que nos lancen van a ser flores.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El transfeminismo del neo-machirulo cutre-queer.

Me llamo Enrique, pero me llaman Kike. Nací varón. O al menos eso dicen, porque nací con pene. Bueno, eso dicen, porque en realidad mi pene es una vagina y por culpa de él me preguntan en las entrevistas de trabajo si me voy a quedar embarazada, hecho por el cual no me seleccionan o me despiden al poco tiempo.

Desde mi más tierna infancia, me ha gustado jugar al ajedrez, practicar karate, dibujar... Pero también jugaba a las papás y a las mamás, con muñecas... Y bueno, siempre quise estudiar Medicina o Enfermería, o algo relacionado con la Educación, profesiones, ya sabéis, más bien femeninas. Y he de ser sincero: adoro la cocina; me fascina cocinar.

Así que, como he hecho toda mi vida y hago cosas de mujeres, claramente no soy varón. Quede claro: soy mujer. Soy mujer porque hago cosas de mujeres (no, no soy sexista, pero es que cocinar es de mujeres, que lo sabe todo el mundo).Y me gustan.

Y aunque tenga pene entre las piernas, si a alguna de vosotras, feminazis (perdón, TERFS, que me he inventado un término nuevo con el que despreciar a las mujeres sin que me puedan llamar machirulo), se os ocurre decir que soy varón y que oprimo a mis compañeras también mujeres, que sepáis que me estáis oprimiendo.

Sí, vosotras, feminazis, TERFS, me oprimís. Me oprimís cada vez que negáis que soy mujer y cada vez que que decís que soy del género opresor.

Porque, que lo sepáis, para ser mujer es una construcción social, así que aunque la sociedad no me lea ni me haya construido como mujer, puedo decir ser mujer si me da la gana y cuando me dé la gana. 

Y vosotras, TERFS, sois unas auténticas locas del coño. ¿Por qué no me dejáis entrar en los espacios "feministas" no mixtos? ¡Yo soy mujer, como vosotras! Y no solo sufro opresión por género, sino que además sufro opresión por vuestra culpa.

Que sí, que nunca me he hormonado, que a veces me dejo la barba, que cuando voy a una entrevista de trabajo no me preguntan si me voy a quedar embarazada y la gente tiene más en cuenta mi opinión por tener pene... ¡Pero no, no soy hombre! ¿Por qué? Pues porque lo digo yo. Da igual que no me haya sometido a una operación para cambiarme de sexo; no importa que la sociedad me lea varón y me de privilegios de varón. Si yo digo que soy mujer, soy mujer. Porque quiero aprovechar mis privilegios de varón que socialmente me han dado desde que nací para deciros a vosotras, feministas TERFS, qué es y qué no es el género, y cómo ha de ser el feminismo. Y como soy mujer, deberíais considerarme como tal y dejarme entrar en los espacios feministas no mixtos. Y si no lo hacéis, y de paso me decís que soy privilegiado, ¡sois unas opresoras radicales de mierda!

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No, no me he vuelto loco. Tranquilidad. Sé que esto que acabo de soltar es una auténtica estupidez. Jugar a las muñecas no vuelve niña a un niño; ni llevar falda no vuelve mujer a un varón; ni se puede ser mujer con solo decir "soy mujer"; y, por supuesto, no puede haber un varón oprimido por las feministas, solo porque ese varón dice ser mujer así porque sí.

Pero desgraciadamente, esto es una realidad a día de hoy. Ha salido una corriente "transgénero" por la cual, en lugar de luchar contra el género (tarea que el feminismo siempre ha llevado a cabo), se busca reforzar la idea de género, inventando tropecientos mil géneros nuevos, y que además basta con decir "soy esto o lo otro" para serlo.

Para esta corriente, no importa que haya un sistema patriarcal detrás que construye el género de los varones y las mujeres a través de la cultura. Para nada. Según la gente que sigue esta corriente, con que yo diga "soy mujer", ya soy mujer. No tengo por qué cambiar mi cuerpo. Y lo que es peor: encasillan a las personas en géneros en función de los roles que siguen.

Por ejemplo, mientras que el feminismo dice que jugar al fútbol no es de niños ni de niñas, y que las muñecas tampoco son ni de niñas ni de niños, esta gente dice que el fútbol es de chicos y que las muñecas son de chicas; y, por ende, que si eres chica y juegas al fútbol, es que en realidad eres chico; y que si eres chico y juegas a las muñecas, harías bien en considerarte mujer.

De hecho, hay hombres (sí, hombres) que llegan a espacios feministas no mixtos, dicen que son mujeres (porque sí) y que si no les dejan entrar y dicen que ellos son el género opresor, ¡entonces ellas son quienes están ejerciendo opresión por género!

Vamos, que la cultura, la educación y cómo te lee y trata la sociedad, se lo pasan por el ojo del culo.

Desde luego, los machirulos ya no saben qué hacer para mantener sus privilegios. Tras el masculinismo, que no les ha servido para parar el feminismo pues se ha demostrado con creces que tan solo son machistas resabiados y desesperados porque ven perder sus privilegios, ahora llega la ideología "transgénero", que busca criticar y destruir el feminismo radical (pues ataca al género desde su raíz, tratando de hacerlo desaparecer) y además a las personas transexuales que les acusen de promover  y ejercer una errónea y tóxica lucha trans-feminista (a las y los transexuales que van contra la ideología trans-género les llaman "true scum" -auténtica basura-).

Como inventarse privilegios de las mujeres que no existen no les ha servido, han decidido que si dicen que no son varones, así acaban con las acusaciones de pertenecer al género opresor.

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Tan solo espero que no lleguen a ningún lado. Y creo que así será, pues no dicen más que bobadas. Que yo diga que soy un pájaro, ni me convierte en pájaro ni me hace sufridor de especismo si me golpean.

Porque lo importante no es cómo nos sentimos, e incluso tampoco importa nuestra esencia, sino que lo realmente improtante es cómo nos leen y cómo nos tratan.

Por ejemplo, aquí en España, se supone que soy blanco y tengo privilegios de persona blanca. Sin embargo, cuando estoy al lado de mi pareja me doy cuenta de que no soy blanco, sino que se me lee blanco. Mi piel es más morena que la de ella. Ella sí que es blanca a mi lado. Y nos tratan por igual con respecto al color de piel.

Pero si un día voy a Estados Unidos, dejarán de tratarme como hombre blanco. Pasaré a ser un hispano, un mediterráneo, y sufriré racismo. Porque lo importante no es lo que yo me considere o cómo me vea a mí mismo, sino cómo me trata la sociedad. Es en base a cómo me ve la sociedad la razón por la cual yo estaré o no privilegiado.

Así que dejad esas chorradas de "me siento una persona no-binaria, demichica", etc. Esos géneros no existen. No hay una sociedad detrás que construya esos géneros y los inculque. Nos guste o no, solo existen dos géneros construidos por el patriarcado: varón y mujer. Y si la sociedad te mete en el saco de varón, te darán más ventajas frente a aquellas personas metidas en el saco de mujer.

Si de verdad queremos que la sociedad avance, tenemos que parar ese círculo vicioso. ¿Y cómo lo paramos, creando nuevos géneros que encasillen a la gente y que en un futuro pueda convertirse en un nuevo sistema que dé privilegios a un grupo de géneros frente a otros? Por supuesto que no. Tratar de destruir el género formando nuevos géneros, es como tratar de destruir un Gobierno manteniendo las estructuras de poder con nuevos partidos políticos.

El género desaparecerá el día en que dejen de existir los sacos "hombre" y "mujer" y las relaciones de poder-sumisión que existen en torno a ellos.

Mientras tanto, nos guste o no, bien sea cis o trans, solo podemos hablar de mujeres y varones a causa de una construcción social y no de las paranoias mentales que te hagas.

domingo, 8 de enero de 2017

Sé la feminista perfecta.

El feminismo es un movimiento que promueve la igualdad entre mujeres y varones, luchando para conseguir que aquellos derechos que han sido dado solo a los hombres en la esfera social, política, económica... pasen a estar también en manos de las mujeres.

Para que la igualdad entre varones y mujeres sea posible, es preciso que tanto ellos como ellas sean feministas, de modo que ellos cedan privilegios y ellas luchen por sus derechos, hasta que la balanza se equilibre y chicos y chicas puedan vivir libremente.

Si una mujer ha de ser, por lo tanto, feminista, habremos de preguntarnos cómo ser la feminista perfecta.

¿Y cómo se consigue una feminista perfecta? Sencillo: siendo, a la vez de feminista, anarquista, o comunista, o socialista, o de izquierdas y bien progre, para resumir; y también, estar contra el adultismo; además de no ser especista; a parte de no ser racista; a lo cual hay que sumar el que luche por los derechos de las personas LGTB; etc.

Ah, y por supuesto, nunca te olvides de escuchar a los hombres y luchar como ellos dicen y centrar tu atención en lo que ellos consideran realmente importante. Si no piensas en los varones primero, sí o sí y siempre, ya no puedes ser una buena feminista. 

Esto es a lo que se llama inserseccionalidad; es decir, un feminismo que tiene en cuenta el resto de luchas (la lucha obrera, animalista...).

Porque claro...

-Si estas contra el aborto pero no vas a la fiesta del orgullo gay, no puedes ser feminista.

-Si eres mujer blanca, no puedes ser feminista. O no al menos si no viajas una vez en la vida a Madagascar, o China, o Perú, para luchar por los derechos de las mujeres no blancas.

- Si te pasas la vida luchando contra el acoso callejero, la discriminación salarial, la trata... pero comes carne, no puedes ser feminista. Ni lo sueñes.

Y así con todas las luchas.

Porque, mujer, no lo olvides: la lucha obrera, trans, animalista, LGTB, paidocentrista... va antes que la tuya. Nunca, ¡nunca!, se te ocurra pensar en ti antes que en el resto (sobre todo si ese "el resto" son varones).

Y así, y solo así, consegurias ser una perfecta, perfectísima, feminista.

¿Suena loco? ¿Estresante? ¿Abusurdo?

Efectivamente. La sociedad tiene tan asumida que el rol principal de una mujer es el de cuidar, el de ejercer de buena esposa, el de ser la madre perfecta que nos ama y nos cuida a todos y todas (más bien todos, que de sororidad ni hablemos), que el feminismo ya no es simplemente feminismo. Ahora el feminismo "debe" ser interseccional, y a la que una mujer lucha por algo única y exclusivamente a su favor, se le echan encima.

Pues mirad, no cuela. Como ya dije al principio, el feminismo lucha por conseguir la igualdad entre mujeres y varones, persiguiendo que las mujeres dejen de ser lo otro, dejen de estar oprimidas. Por lo tanto, el feminismo tiene únicamente la labor de liberar y ayudar a las mujeres. A las mu-je-res. Punto y final. 

Que parece que ahora el feminismo ha surgido para salvar al Universo. Y mirad, no, no es así.

Está bien ser interseccional. Yo soy anarquista, feminista, animalista, vegetariano, anti-racista, etc. Pero una cosa es que yo luche contra el maltrato animal, o por los derechos de la infancia, o contra la gordofobia, o por la diversidad funcional, o lo que sea, y en un momento específico de mi vida pueda enfocarme en una única acción, y otra cosa bien distinta es que desde dentro de un colectivo haya que abarcarlo todo y estar pendiente de todo el mundo (especialmente de otras luchas que no son las propias del colectivo).

Y eso es una estupidez. Así de claro. 

Siempre me alegraré de que una persona X sea interseccional y apoye diferentes luchas. Pero si mañana me encuentro a una persona animalista que es misógina, la criticaré por su misoginia y no pondré de por medio el especismo, pues no tienen nada que ver las churras con las merinas. Y si mañana me topo con una feminista islámica o clasista, la criticaré como clasista o criticaré su religión, pero no la criticaré como feminista.

Hay que dejarse de chorradas; que la interseccionalidad está bien, pero no es una obligación constante. Como ya he dicho, el feminismo está para salvar a las mujeres, no al mundo y todos sus problemas. Si no, no sería feminismo, sino humanismo. Con esa actitud de constante crítica a la no interseccionalidad, parece que se pretende que dejamos a un lado la perspectiva de género, nos centramos en la Humanidad y a la mierda el feminismo.

Que no, que no. Que las mujeres necesitan una lucha propia, que vele única y exclusivamente a su favor. Punto. 

Y quien quiera luchar contra la patronal, que se abra un sindicato. Y quien quiera luchar contra la lgtbfobia, que se monte un colectivo. Y quien quiera luchar contra el maltrato infantil, que organice un grupo. Pero dejad de meter todo en un mismo saco en cuanto a feminismo se refiere.

Que nadie le obliga a la CNT a estar pendiente de las mujerees todo el rato, pero parece ser que las feministas están obligadas a ver qué pasa con los obreros y las obreras.

Que nadie le pide a un o una bisexual que vaya a una manifestación contra la violencia de género, pero parece que una feminista tiene que estar con la constante tensión de que si no hay una persona trans en su colectivo, ya está siendo TERF.

Está bien la interseccionalidad, no lo voy a negar. Pero a nivel personal. A nivel de un colectivo y de enfocar la lucha en algo en concreto, sí, hay que mandar la interseccionalidad un ratito a paseo.

Que las mujeres no son las chachas del planeta. 

Dejemos que hagan su lucha, y luego ya que se unan al resto.

lunes, 19 de diciembre de 2016

¿Me echáis una mano con un proyecto, por favor?

Como ya dije en otra entrada, hace tiempo que, desde que empecé a moverme por círculos feministas, anarquistas, etc, llevo dándome cuenta de que muchas y muchos comentan que tienen problemas a la hora de hacerse entender cuando explican determinadas cosas. Por ejemplo, hace unas pocas semanas, una compañera se quejaba de que estuvo hablando con una tía de ella, explicándole la importancia de la discriminación positiva y que por más que hablaba, su tía no comprendía lo que le decía.

Esta es una situación que me encuentro muy a menudo. Así que lleva tiempo rondando por mi cabeza una idea de proyecto. No sé si la plasmaré en forma de libro, de conferencias o qué; y si la llevaré a cabo solo o me juntaré con alguien. Pero mi idea consiste en hacer un análisis de aquellas dudas o cuestiones que la gente explica dentro de los movimientos feministas, obreros, animalistas, LGTB, etc. Quiero recoger preguntas frecuentes que se suelen hacer, temas complicados de explicar..., y a partir de ello elaborar un proyecto de Didáctica de los Movimientos Sociales; es decir, hacer un análisis pedagógico sobre cuál es la mejor manera de explicar esos conceptos para que la gente los comprenda y no tengamos que estar ahí erre que erre desgastándonos sin llegar a ninguna parte.

Aún no tengo muy claro cómo lo voy a plantear. Quizá empiece con charlas, o no sé. Pero sí que al menos tengo claro que me gustaría emplear mis conocimientos en Pedagogía para desarrollar y recopilar recursos que los distintos colectivos puedan emplear para hacerse entender y comprender mejor.

O quizá simplemente, tal y como me han sugerido por ahí, abra un canal de Youtube y explique los temas de un modo sencillo, dirigiéndome con ello principalmente a jóvenes, ya que por ese medio no hacen más que recibir influencias negativas.

Por ejemplo, una vez publiqué una entrada en que contaba una actividad para trabajar la igualdad en forma de cuento; una actividad que pone en situación de desigualdad a la gente y le hace ver la injusticia de primera mano. Mi idea es intentar desarrollar cosas por ese estilo y plasmarlas.

Así pues, me preguntaba si podríais echarme una mano, por favor, con ideas de temas, preguntas que veáis que frecuentemente se suelen hacer, situaciones que os hayan ocurrido, sugerencias, etc.

Podéis hacerlo comentando en esta entrada o, si lo preferís, enviándome un correo a mejoredu@hotmail.com

Un saludo a todas y todos, y gracias.  :)

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Nunca digas "No todos los hombres".

Imagínate que vas por la calle caminando tranquilamente. De pronto, alguien te saca un arma y te roba. Entonces, le cuentas el suceso a un amigo o a una amiga y su respuesta es: "¡Pero no todas las personas roban!".

Ahora supón que vas otro día a hacerte un análisis de sangre y el enfermero o la enfermera te pincha tan mal que del daño que te hace te deja un moratón. Entonces, al rato, hablas con esa amiga o ese amigo y, como se dedica a la enfermería, su respuesta indignada es: "¡Pero no todas las personas que nos dedicamos a la enfermería pinchamos mal!".

Por último, ponte en el supuesto de que, paseando por la calle, un perro se te tira encima y te muerde. Entonces, en otro momento, cuando se lo cuentas a tu amigo o amiga (que, por cierto, tiene perro), te responde: "¡Pero no todos los perros muerden!".

¿Tendrían algún sentido esas respuestas? Queda claro que no; no porque, sencillamente, con tales respuestas se están minimizando, infravalorando, apartando a un lado tus quejas; y con ellas solo se busca desviar la atención del tema y centrar el foco en la frustración egocentrista de ese amigo o esa amiga a quien le cuentas tus problemas.

Cuando las y los feministas hablan de lo que sufren las mujeres en la sociedad hetero-patriarcal capitalista en la que vivimos, lo que buscan es criticar un sistema injusto, asesino, violento, que reduce a las mujeres a personas de segunda categoría, a ser el segundo sexo que queda en desventaja con respecto al varón. No se busca atacar a nadie en específico por decir: "Las mujeres sufren acoso callejero, son despedidas por quedarse en periodo de gestación o cobran menos por el mismo trabajo". 

En serio. Si te sientes ofendido, quizá tienes un serio problema de egocentrismo. Quizá, como reza el refrán, quien se pica ajos come; o tal vez es que se cree el ladrón que todos son de su misma condición. Vaya la diosa Atenea a saber. 

Pero el caso es que con tu "Not all men" (no todos los hombres), lo que estás haciendo, sencilla y llanamente, es desviar la atención. Con esa frase buscas, o tal vez lo haces sin querer, por ignorancia, el que se deje de centrar la mirada en los problemas que sufren las mujeres para que solamente nos fijemos en que pobrecito tú, que te has sentido, en tu egocentrismo recalcitrante, herido en tu orgullo.

Porque, honestamente, nadie te ha mencionado explícitamente. Nadie ha hablado de ti, ni ha dicho que tú seas en concreto un violador, un maltratador, etc. 

Cuando una mujer dice: "Estoy harta de que me acosen por la calle", no ha dicho ni que tú te dediques a acosar, ni que todos los varones del mundo son unos babosos acosadores.

Cuando una feminista dice que se asesinan a X mujeres en el mundo, ni ha dicho que tú seas un asesino, ni que todos los varones del mundo hayan matado a una mujer alguna vez en la vida.

Cuando una mujer comenta: "Ayer sufrí un ejemplo más de micromachismo: pedí una cerveza y mi novio un vaso de agua, y el camarero le puso la cerveza a mi novio y el agua me la puso a mí", con ello no ha querido decir ni que tú hayas hecho eso alguna vez en tu vida ni que todos los varones del mundo se dediquen a hacer ese micromachismo en concreto.

Cuando una feminista se queja de las mujeres cobran menos por el mismo trabajo, no está diciendo que tú te dediques a pagar menos a una mujer que a un hombre.

No todo gira a tu alrededor. 

Así pues, chicos, cuando una mujer se queje de los problemas que le causan el machismo y la misoginia de la sociedad, no respondáis: "No todos los hombres". Ella no ha hablado de todos los hombres, sino de cómo le afecta la sociedad patriarcal en la que vivimos.

Escuchad a esa feminista y hacedle saber que la entendéis. Acompañadla en su queja y frustración. No tratéis de desviar la atención con un tema que no viene a cuento, solo porque en vuestro egocentrismo os sentís atacados y ofendidos sin sentido alguno.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los y las docentes no tenemos la verdad absoluta.

La Pedagogía es una Ciencia Social. Eso quiere decir dos cosas:

En primer lugar, que la Pedagogía no es una ciencia exacta y, por ende, no funciona como la gravedad. Si yo sostengo un objeto en el aire aquí en España y lo suelto, caerá al suelo, pues será atraído por la fuerza de la gravedad terrestre; y esto mismo ocurrirá si repito la acción en China, en Noruega, en Afganistán o en Chile. Sin embargo, un mismo planteamiento pedagógico no tiene por qué funcionar igual en un país que en otro, ya que cada nación, o pueblo, o comunidad, tiene su cultura. 

En segundo término, hemos de dejar claro que quienes nos dedicamos a la educación y la enseñanza, trabajamos con personas. Y las personas son todas distintas, con sus vidas, sus experiencias, sus ideas...; ergo, una metodología docente puede llegarle de distinta forma a Fulanito, a Pepita, a Menganito y a Anita.

Entonces, no podemos pretender que, como muchos y muchas docentes parece ser que desean con ansia, se nos dé la razón a todas horas, ni que nuestra palabra sea ley; toda autoridad.

Nos podemos equivocar, reconozcámoslo. Parece que a ciertos maestros y a ciertas maestras les molesta, les hiere en su orgullo o algo por el estilo, el tener que admitir esto. Pero es así: nos podemos equivocar y hacer, por supuesto, las cosas mal.

Que hayamos estudiado, 3, 4, 5, 6 años... no nos da un poder mágico otorgado por divinidades ancestrales y que nos lleva a estar en posesión de la verdad absoluta.

Puede ocurrir, perfectamente, que cuando un padre o una madre habla con nosotros/as, esté en lo cierto y resulte que nos hayamos equivocado; puede ser que no vayamos por buen camino en nuestra forma de llevar a cabo nuestro proceso de aprendizaje-enseñanza con su hija o hijo, y que la culpa no esté en que esa criatura, "que no quiere dar un palo al agua o es más tonta que Abundio", sino que estamos haciendo las cosas mal. Perfectamente, puede darse el caso de que ese padre o esa madre no es una persona tarada, rancia, tiquismiquis, retrógrada, pesada... que quiere venir a darnos la lata con sus quejas, sino que el problema reside en nosotras y nosotros, que tenemos la cabeza cuadrada, nos hemos instalado en la Pedagogía del Confort, y no queremos dar nuestro brazo a torcer, lo cual nos lleva a un bucle sin salida que perpetúa nuestra mala praxis.

Abramos los ojos y calmémonos. Nosotros y nosotras, como docentes, no debemos andar con egolatría y creer que somos la crème de la crème. Debemos tener humildad y darnos cuenta de que el único ente importante en este proceso educativo es nuestro alumnado. Nosotras y nosotros tan solo somos una pieza más de su aprendizaje. Pero nada más que eso. No creo que haya que revalorizar la profesión docente ni que se nos vea como salvadores/as del Universo.

En nuestros discentes ha de estar la atención y la clave del proceso educativo. Nuestra función radica, simplemente, en poner a su disposición las condiciones necesarias para que puedan sortear con éxito los obstáculos.

Y todo lo demás, sobre la autoridad, la importancia, la omnipotencia y la omnisciencia del profesorado... no son más que meras pamplinas.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La prostitución: un oficio como cualquiera.

Hoy os dejo un corto francés (subtitulado al castellano) que compartieron las compañeras de Plataforma Anti Patriarcado, en el que se muestra a una estudiante que será encauzada a una Formación Profesional de "Trabajo" Sexual...


Prostitución es violación.

martes, 25 de octubre de 2016

¿Pueden los grupos opresores hablar sobre los grupos oprimidos?

No son pocas las veces que he escuchado frases de este tipo:

- ¿Qué hace ese maldito pijo hablando sobre socialismo? ¡Que se vaya a la mierda!

- ¿Una persona hetero hablando sobre derechos para las personas homosexuales? ¿Y después qué: un blanco hablando sobre anti-racismo?

- ¡Que te calles, que eres hombre! ¡No necesitamos que hables de feminismo!

- Las mujeres occidentales no pueden hablar sobre el velo islámico o el burka.

Y un largo etcétera.

Así que, a raíz de esto, estuvimos Kuxille (mi compañera) y yo pensando una cuestión que debatimos largo rato. Y ella me ayudó a llegar a una conclusión: que sí, que los grupos opresores sí pueden hablar sobre los grupos oprimidos. Es más, como dice ella, no es simplemente que puedan: es que deben hacerlo.

Los movimientos sociales no son un simple conjunto de opiniones. Son una lucha por los Derechos Humanos y, por consiguiente, un acto de moralidad.

Una persona con una moralidad en pos de la equidad y la libertad no puede ni debe quedarse parada y callada. Su deber es hacer algo; aunque ese algo sea solo dar apoyo. Pero no hacer nada nos pone en el lado del grupo opresor.

Ya sé que más de uno o una tendrá ganas, dicho lo dicho, de aporrear el teclado y venir a tirarme de las orejas. Pero voy a explicar lo que ella me contó y luego ya si queréis debatimos.

Hay que tener, antes de nada, una cosa clara; partir de una premisa bastante razonable: lo importante no es quién lo dice, sino qué es lo que esa persona dice.

En Filosofía, se entiende por falacias Ad hominem y Ad verecundiam lo siguiente:

- Falacia ad hominem: Consiste en sostener que el argumento esgrimido por una persona no es válido por ser quien es. Por ejemplo: 

"Lo que una feminista occidental opine sobre el velo islámico es inválido porque no es musulmana y no tiene ni idea de lo que está hablando".

"Eres hetero y la gente hetero no sabéis lo que las y los homosexuales sufrimos".

Decir que lo que una persona en concreto comenta, que el argumento que expresa, no es válido, porque es varón, mujer, heterosexual, homosexual, transexual, de Italia, de China, de Marte... es una falacia ad hominem. Se está invalidando ese comentario absurdamente.

Bajo esta falacia, no podría haber docentes hablando sobre educación en valores, por ejemplo. Bastaría que quien imparte la asignatura tenga más dinero que su alumnado para que no estuviese habilitado para hablar de clasismo; o que fuese varón para no hacerles ver el machismo; o que fuese una persona blanca para que no pudiese explicar contra el racismo.

De hecho, ¿tendría sentido que una persona a favor de la tauromaquia dijese a algún anti-taurino o a alguna anti-taurina: "Oye, sino eres el toro, cállate la boca que tú no sabes si el toro sufre o no. A lo mejor le gusta"? Sería absurdo, ¿cierto? Pues invalidar un argumento en base al sexo, la etnia, la nacionalidad, la orientación sexual... también.

- Falacia ad verecundiam:  Consiste en sostener que quien habla tiene la razón por ser quien es. Por ejemplo:

"Si lo dice ella, que es prostituta, tendrá razón; y no la abolicionista que no ha vivido esa experiencia".

"Solo cuenta lo que se diga sobre el velo islámico quienes llevan el velo islámico".

Esta postura es también absurda. Si solo se pudiese hablar de un hecho en concreto bajo la premisa de haber vivido esa experiencia o pertenecer a un grupo en concreto, entonces las mujeres que nunca han sufrido un aborto no podrían opinar sobre el aborto, sino solo las que hayan abortado. Daría igual que seas mujer, porque total, "si no has vivido la experiencia de abortar, no puedes opinar sobre el aborto"

Tampoco se podrían defender los derechos de los animales, porque bajo esta postura habría que esperar a que los animales hablasen y se liberasen por sí mismos.

Un hombre jamás podría hablar sobre violaciones sufridas por varones, porque, total, "si no ha sido violado, tú qué sabes".

Así pues, dejémoslo claro: lo importante no es quién dice esto o aquello, sino qué es lo que está diciendo. Lo importante no es la persona que habla, sino el argumento.

Es decir, que, como me comentó mi pareja, a lo primero que hay que atender es a la razón; al uso de la sensatez y el sentido común. Si una mujer que se dice feminista dice algo que puede considerarse una auténtica burrada; si un negro o una negra hace un análisis que puede dislumbrarse como totalmente equivocado; si una obrera o un obrero dice una barbaridad... y tales ideas, según parecen, nos alejan de lo que constituye la realidad del sistema, hay que escucharlas, sí, pero no tomarlas como verdaderas porque sí.

Una vez que partimos de este punto, hay que dejar claras 3 cosas claras para que las opiniones de los grupos opresores no hundan la lucha que ejercer los grupos oprimidos:

1- En cuanto a lo personal, solo las personas en concreto pueden tomar las decisiones. Una cosa es opinar sobre un hecho y otra bien distinta es imponerte o atacarte por ese hecho. Es decir, sí, una feminista atea y occidental puede expresar su opinión sobre el velo islámico, pero solo las mujeres musulmanas pueden decidir si ellas llevan o no el velo, y nadie puede imponerles quitárselo o ponérselo, pues es su decisión.

2- Aunque las personas privilegiadas sí pueden o tienen derecho a hablar de las opresiones y los movimientos de liberación, lo que no pueden ni deben hacer es liderar, tomar las riendas, de los movimientos de sectores oprimidos; y menos aún eclipsar a las personas que conforman un colectivo oprimido, acaparando la atención y el diálogo. Está claro que los intereses de los grupos privilegiados están confrontados con los intereses de los colectivos oprimidos; y hasta la persona más bienintencionada puede acabar esgrimiendo ideas, aunque tan solo sea inconscientemente, a su favor, si se le da el poder (como el o la socialista que una vez pasa a formar parte del Gobierno, deja de ser tan radical contra el capitalismo y el clasismo, porque ahora está en el poder). Y está claro también que, desgraciadamente, la sociedad tiende a dar la razón, ejerciendo la falacia ad verecundiam, a los grupos opresores (por ejemplo, es más fácil que se le dé la razón a un varón solo por ser varón que a una mujer)

3- Esas opiniones esgrimidas por las personas privilegiadas deben estar siempre sujetas a una perspectiva crítica, por lo anterior: parte de su discurso puede velar por sus propios intereses.


Está claro, y esto es indudable, que las únicas personas que pueden saber lo que es la experiencia de ser mujer, son las mujeres; las únicas personas que pueden saber lo que es ser homosexual, bisexual... son las homosexuales, bisexuales; las únicas personas que saben lo que es no tener piel blanca, son las negras, mestizas, etc; y, por ende, sus opiniones, testimonios... han de escucharse, respetarse y tenerse, claramente, en cuentaSin embargono hay que dar la razón a lo tonto y porque sí. Que una mujer sea mujer, que una persona negra sea negra, que un o una transexual sea transexual, no quiere decir que tenga razón siempre, automática y sistemáticamente. Perfectamente su opinión, su análisis, puede no ser acertado; puede no corresponder con la realidad. Y puede ocurrir, por el contrario, que una persona del sector privilegiado, sí esté dando un análisis acertado de cómo funciona el sistema.

Os dejo algo que escribió la Twittera, feminista y comunista Ayme (1):





Al fin y al cabo, una persona pobre de derechas no va a tener más razón que una persona rica que promueva el anarquismo; un o una homosexual que dice que la bisexualidad es una confusión, una patraña, no va a tener más razón que una persona hetero que respeta todo tipo de orientación sexual; y una mujer que llega a ser Presidenta del Gobierno y quiere quitar el aborto no va a tener más razón por ser mujer, que el varón feminista que quiere ponerlo legal y gratuito para todas.

Fuente:

(1)- https://twitter.com/_ayme/status/774018866326286336?lang=es

lunes, 10 de octubre de 2016

Cómo promover tus ideas con eficacia.

Recuerdo, ya hace años, una noche en la que quedamos los amigos y las amigas para cenar. Aquella noche, entre otras cosas, hablamos de política. Recuerdo que estaban próximas unas elecciones y uno de mis amigos dijo que votaría a la derecha. A esto, indignado, dije: "Joder... ¡Que eres trabajador, bolo! ¿Cómo vas a votar a quienes van contra ti?".

Estaba bastante indignado, la verdad, y en el camino de vuelta decidí ir hablando con otra amiga, pues compartíamos ideas, y con ella no me frustrada al hablar.

Recuerdo que una de las cosas que le dije a aquella amiga con quien compartía ideología, fue: "No entiende nada".

"No entiende nada". ¡Ay, cuánta verdad en esa frase! ¿Es que no nos damos cuenta? A veces, con tanto lenguaje técnico, con tanto argumento rebuscado y adaptado a los colectivos de lucha en donde se sabe de qué se está hablando, con tantos símbolos... lo que conseguimos es que la gente no entienda nada de nada.

A veces me río cuando veo, por ejemplo, un vídeo de Alberto Garzón, Coordinador Federal del partido español Izquierda Unida - Unidad Popular, en el que sale hablando sobre anti-capitalismo, patriarcado, feminismo, ecologismo, etc, mientras levanta el puño en mítines llenos de banderas comunistas.

Me gusta oírle hablar; dice muchas cosas con las que estoy de acuerdo y que me encantan. Pero me río. Me río porque quienes militamos contra el capitalismo, contra el patriarcado, contra la homofobia... entendemos su discurso, y nos puede resultar dulce y placentero como la miel; nos puede agradar ver a alguien luchando por los derechos de los colectivos oprimidos; pero me percato de un grave error en todo ese lenguaje rebuscado y formal: que la mayoría social a la que dice dirigirse, no entiende nada. O lo que es peor: llegan a entender cosas equivocadas.

Hacer una lucha por los derechos implica lo que su nombre indica: una lucha. Cuando hay una lucha, un choque de fuerzas e intereses, inevitablemente alguien tiene que salir perdiendo. O se pierde la posibilidad de alcanzar esos derechos, o se pierden privilegios.

Y una cosa nos quede clara: llevamos años y años de derrota. Pero es que una política que no se basa en el equilibro justo, en la repartición de poder, sino en una confrontación 'autoridad versus libertad' y 'desigualdad versus equidad', la derrota por parte de alguien es inherente. Y tenemos que aceptarlo. Punto, no hay más: estamos perdiendo la lucha; llevamos años perdiéndola. Hemos ganado territorio, sí, pero cada mañana en la que el conjunto de la clase obrera se levanta para darle la plusvalía a la patronal, cada vez que una mujer es asesinada a manos de su pareja, cada vez que insultan a un niño llamándole "maricón", cada vez que dicen "primero los de casa", nos puede quedar claro que a pesar de los avances, aún siguen ahí el racismo, la homofobia, la misoginia, el clasismo... la derrota está ahí presente.

Somos la mayoría; el poder y el futuro podría ser nuestro. Y sin embargo, a duras penas avanzamos en cosas. ¿Y todo por qué? Porque la mayoría social no está unida. No está unida porque la mayoría social entiende las ideas enemigas, peo no las nuestras.

Mi amigo decía que votaría a la derecha porque comprende su discurso; prefiere a la derecha; simpatiza con la patronal. Entonces, lo que tenía que hacer aquella noche no era darle materialismo dialéctico, sino hacer que me entendiese y simpatizase conmigo.

Sí, ya sé, ya sé que para entender la historia, el lenguaje técnico, el análisis de las claves... son importantes. Pero tenemos que ir directo y al grano para que nos comprendan. Nos se puede pretender soltar palabras raras y gesticular mucho y esperar que alguien que parte de base cero capte todo cuanto pretendemos comunicar.

Dejémoslo claro:

Cuando una o un feminista da un discurso en un congreso feminista y usa la palabra Patriarcado, todas y todos entienden a esa persona.

Cuando alguien dice algo sobre el TTIP en una conferencia anti-capitalista, todo el mundo que allí se encuentra sabe de qué está hablando, o puede entender a lo que se refiere.

Cuando alguien ve una letra A circunscrita o una bandera rojinegra en el Sindicato de la CNT, quien pasa, sabe qué significan esos símbolos.

Cualquier persona perteneciente o mínimamente interesada en una lucha, sabe de qué se está hablando dentro de esos círculos.

Pero no todo el mundo entiende.

No todo el mundo está dentro de las luchas.

No todo el mundo tiene tiempo para pararse a leer, escuchar, comprender, luchar.

No todo el mundo sabe qué simbolizan exactamente la hoz y el martillo.

No todo el mundo sabe que la bandera arcoíris representa al colectivo LGTB y no solo a gays y lesbianas.

No todo el mundo sabe qué es un sistema.

No todo el mundo te entiende cuando dices la palabra Patriarcado.

Y aquí está el problema.

"No entiende", dije aquella noche. Y era verdad. Mi amigo no me entendía. Y no porque no quisiese entender (que a veces ocurre), no porque estuviese cegado por la cultura en la que ha sido educado (que también puede pasar), sino porque yo no me hacía explicar.

Me comunicaba con palabras tales como anarquismo, anti-capitalismo, lucha obrera, clasismo; hablaba de símbolos como el puño en alto, la bandera negra con la A dentro de un círculo o la rojinegra anarco-sindicalista... Y nadie me entendía.

Podía estar dando el mejor argumento del mundo; podía estar soltando el discurso más maravilloso; podía estar diciendo la verdad de las verdades... Pero perdía menos el tiempo yendo a dormir.

Y es que la cuestión no está en tener razón; la clave está en llevarse la razón. ¿Y cómo se hace esto? Cumpliendo dos requisitos:

1- Conseguir que te entiendan.

2- Conseguir que se identifiquen con lo que dices.

A veces, para promover tus ideas, tienes que renunciar, sí, renunciar, a usar un determinado lenguaje y a tus símbolos. Porque puedes llevar la bandera morada más grande de todas, puedes pasarte medio día con el puño alzado, puedes dar una batucada en una manifestación o poner la música a todo volumen en la fiesta del Día del Orgullo... que si no te entienden, lo único que conseguirás es que se rían de ti. Sí, se reirán de ti. Te mirarán mal. Y tu enemigo o enemiga estará en su sillón tomando tranquilamente un té con pastas, sin miedo a que vayas a cambiar algo; sin miedo a que la sonrisa cambie de bando.

Porque cuando alguien levanta el puño, sale con un pañuelo rojo a la calle, pone una bandera arcoíris en la ventana, o dice las palabras ecologismo y anti-racismo, está haciéndose ver, y eso está bien, no lo voy a negar; pero no tiene por qué estar cambiando nada. Y no tiene por qué estar cambiando nada porque llevamos años y años de lucha perdida. El enemigo se ha apoderado de los símbolos. Mucha gente compra la careta de V de Vendetta o una camiseta del Ché Guevara sin saber ni siquiera qué simbolizan. Se han vuelto algo comercial y han perdido su fuerza y valor. Pero ahí seguimos, reivindicando esos símbolos. Cada vez que alguien que no tiene ni idea de qué va el anarquismo ve una A dentro de un círculo, lo primero que piensa es que es un o una joven anti-sistema que ni trabaja ni estudia y que si tuviese la oportunidad saldría a la calle a poner una bomba. Pero ahí seguimos, erre que erre usando lo mismo sin explicar lo que queremos decir. A veces nos mostramos con la bandera morada ante un colectivo reacio a escucharnos porque piensan que esa bandera simboliza a locas odia-hombres; cuando a lo mejor podríamos convencer más a ese grupo si renunciamos a las etiquetas y vamos directamente al tema.

Y para colmo, para cuando alguien se interesa, le mandamos a la mierda. Sí, a la mierda. Mucha gente ya se ha cansado tanto de la lucha que cuando le van a preguntar, dice: "Vete a leer". Y a lo mejor esa mujer que por un mínimo instante se ha parado a intentar saber sobre feminismo, no solo recibe rechazo (lo cual facilitará que se ponga en contra), sino que puede que sea una madre trabajadora que no tiene tiempo ni dinero como para comprar El segundo sexo y ponerse a leer.

En serio. ¿Estamos idiotas o qué? 

Ahora bien...

Cuando un maestro o una maestra enseña a sus niñas y niños que hay que compartir, ahí hay más de solidaridad que en todos los símbolos anarqusitas, marxistas, socialistas... juntos.

Cuando un padre lava los platos, friega el suelo y escucha activamente lo que dice su pareja femenina, ahí muestra más de feminismo que un discurso de Emma Watson en la ONU.

Cuando alguien te echa la bronca en la calle por tirar un papel al suelo y te enseña a tirarlo en el contenedor azul, ahí hay más ecologismo que en un acuerdo que puedan firmar dirigentes políticos.

Cuando alguien recoge a un animal abandonado, le cuida y lo adopta, ahí hay más de anti-especismo que en una batucada contra el maltrato animal.

Cuando un grupo de vecinos y vecinas se aúnan para evitar un desahucio, ahí hay más auto-gestión y apoyo mutuo que en un mitin de un sindicato.

Y si digo que en esos gestos hay más feminismo, anti-clasismo, animalismo, pluralidad étnica... se debe a que esos gestos cumplen con el segundo punto: la identificación.

Con un discurso lleno de símbolos y lenguajes rebuscados no se consigue tanta identificación como con unas pocas palabras o unos gestos que de verdad le llegan a la mayoría social.

Y eso es lo que tenemos que empezar a ver. 

Hubo una vez en que vi un vídeo de Pablo Iglesias haciendo este mismo análisis que estoy haciendo. En él, Pablo contaba que hubo una vez un señor calvito que le dijo al pueblo ruso: "Paz y pan". No dio materialismo dialéctico. Dijo solamente: "Paz y pan". Y la gente le entendió y pensó: "Pues va a ser que tiene razón". Y al calvo le fue bien.

Porque a veces, para que desaparezca la violencia doméstica no hay que meterle a la gente en la boca panfletos llenos de terminología que le resulta rara, sino simplemente decir "Ni una más". Y la gente no sabrá si eres feminista, si te gusta la ensalada o si te acuestas bocabajo; pero al menos se identificará contigo, porque la mayoría social va tendiendo al respeto y la igualdad, y no quiere asesinatos.

Porque a veces, para conseguir que una alumna o un alumno aprenda, no hay que soltarle todo un rollo sobre que va a echar a perder su futuro, lo importante que es aprender y bla, bla, bla, bla, sino simplemente salir de tu pedagogía del confort y hacer del proceso de aprendizaje-enseñanza algo agradable; y entonces tus discentes dirán: "Pues va a ser que tiene razón mi profe cuando dice que aprender es divertido".

Y es que con ello, pasas de  tener simplemente razón, a llevarte la razón.

Y es en ese momento, cuando la gente te entiende y se identifica con lo que dices, lo siente, lo vive, te sigue, lo promueve, lo lleva a cabo, es cuando tu lucha empieza a cobrar sentido y fuerza. Y de repente, ese enemigo o esa enemiga que estaba en su sillón riéndose mientras se tomaba un té con pastas, empieza a sentir miedo.

No fue hasta hace un año que empecé a decir en este blog que soy anarquista. Y sin embargo, a la gente igualmente le gustaba las ideas pedagógicas que explicaba. Sin decir: "He aquí mi modelo de Pedagogía Libertaria", la gente me entendía y le gustaba lo que explicaba. Se decantaban por ideas anarquistas sin saberlo. Esta estrategia funcionaba y funciona. Ahora digo que soy anarquista y nadie de quienes me siguen desde el principio se echa las manos a la cabeza. Porque desde el principio eso que he dicho les ha gustado. No di materialismo dialéctico; di, sencillamente, algo con lo que la gente se identificaba: "Cambiar la escuela. No más niños y niñas en fila. No más falta de pensamiento crítico. Sí a la equidad y la libertad". Y entonces decían: "Pues va a ser que Kike tiene razón".

Si algo he aprendido gracias a cursar Pedagogía es lo que importante no está en lo que dices y haces, sino en cómo lo dices y haces; que la clave está en hacerte entender, en hacerte sentir.

Hay que adaptarse a quien nos escucha. Y mientras sigamos explicando las cosas de la misma manera a personas variadas y diferentes... os quede claro: no nos entenderán.

Una lucha es como un aula. En el aula, muchos y muchas docentes explican algo, y a quienes les entienden les dicen que son inteligentes y a quienes no les entienden les dicen que son idiotas o no quieren a prender.

Lo mismo nos ocurre en los congresos, los sindicatos, las asambleas... No explicamos para atraer; explicamos para mostrar cuánto sabemos y lo buenas, inteligentes y maravillosas personas que somos por ser anarquistas, feministas, animalistas, etcétera; y si alguien no nos da la razón, tendemos a decir que es imbécil. Parece que hemos perdido el espíritu de la lucha y nos ha inundado el ego.

Ya no vamos a una manifestación contra los recortes para luchar contra los recortes; vamos a la manifestación para alardear de que somos súper progres, que estamos contra el sistema y que vean qué guays somos.

Ya no estudiamos un Máster en Estudios de Género para aprender sobre el tema, modificar nuestros fallos y mejorar nuestro alrededor; sino que cursamos tales estudios para imponer nuestras perspectivas frente a otras feministas con la excusa de que "yo sí sé porque he leído y estudiado más que tú, así que cállate la boca y ven a mi curso o conferencia en la cual te cobraré un riñón por asistir y así tendrás tu canet de feminista".

Ya incluso se juntan un grupo de 20 chicos jóvenes antifascistas para ir darle una paliza a los primeros que encuentren dentro de una manifestación fascista para hacerles saber que aquí manda su rabo.

Cualquier cosa por tener la pegatinita de "soy más X que tú". Pero eso de acercarse, como diría el nazareno en la Biblia, a quien roba, a quien miente, a quien peca, tenderle nuestra mano, explicarle con calma y ayudarle a seguir nuestro camino... Ya eso nos parece cosa tonta.

¿Y qué queréis que os diga? Ese camino está totalmente equivocado. Justamente con quienes nos desesperan es con quienes tenemos que tener más tacto y paciencia.

Que no, que no; que la lucha obrera no se ejerce mostrando la grandilocuencia delante de gente de izquierdas, sino cuando se consigue que obreros y obreras dejen de apoyar al sistema capitalista. Que no, que no; que la lucha contra la prostitución no se hace en un congreso al que asisten solo abolicionistas donde todas y todos te dan la razón, sino cuando se consigue que regulacionistas se pongan de tu lado abolicionista, cuando consigues que la sociedad señale al putero y no a la prostituta, cuando consigues que los varones rehúsen de esclavizar y explotar mujeres. Que no, que no; que la docencia no se ejerce cuando aprende quien se interesa por aprender sino cuando consigues que aprenda quien menos quiere.

Sé que algunas personas lo van a tener más fácil que otras. Una persona rica que quiera promover ideas anti-capitalistas, tendrá más paciencia que la pobre, pues la rica no está padeciendo el problema.

Pero hay que echar valor y sacar de nuestro interior la vena pedagógica. La vena violenta se puede mantener, sí, pero solo con nuestro enemigo, con nuestra enemiga. Pero con quienes deberían formar parte de nuestro bando aliado pero no pertenecen porque no nos entienden, con esa gente, sí, alma pedagógica es lo que hace falta.

Si no nos comprenden, nuestra lucha será en vano; y podremos gritar todo lo alto que queramos, pero llegará un día, si seguimos por ese camino, en el que moriremos y escribirán en nuestra tumba un epitafio que rece: "Murió teniendo razón... aunque nadie lo supo".
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